Siempre he apuntado a lo imposible. Siempre he podido bajar cada astro a mis manos, burlando tiempo y gravedad. Solo que las consecuencias de constantemente llegar a lo que parece inalcanzable son, sin excepción, vertiginosas. Me hago cargo de esa ingenuidad. Son resultados que estoy dispuesto a vivir cada vez, sin cuestionamiento, como moneda de cambio frente a difuminar los límites de lo que puedo ser y hacer, porque sé lo que siento y no pienso ser de otra forma.
Ningún ámbito escapa a esta regla. Un hombre de historias. Historias olímpicas, historias trágicas. No puedo sino ser el resultado de las decisiones que he tomado y de las consecuencias de mis actos. Cuando el manto viral cubrió el mundo, para mi más bien fue un manto para limpiar lo empañado que tenía los ojos, mi mente y espíritu. Todos pagamos aceptando el hecho de que ahora hay un peligro certero, pero para mí fue más bien liberador. Me deshizo y me reconstruyó. Me detuvo de cometer los peores errores que estaban trazados en una guía que venía escribiendo desde que me abrí a la oportunidad de ser vulnerable. Me salvó la vida a cambio de estar susceptible a que me la arrebatara ante un descuido, como a todos los demás.
Sin embargo, el manto despejó todo lo que realmente importa tener cerca. Mi visión y extensión inmediata. Ayudándome a apreciar los lugares y personas que realmente importan, y logró que me enfocara en las posibilidades que tengo a la mano, dándome por primera vez cuenta de que no dejan de ser tan increíbles como las que lograba poseer cuando creía que desde más lejos traía una estrella, mejor. Me refugié en mi hogar de toda la vida, reconecté nuevamente con los espacios que vieron formar el hombre que soy hoy, y desde ese lugar es que, incluso con mi visión de lejos empañada por motivos de seguridad propia, logré llamar nuevas posibilidades desde tanta distancia como si fuesen de otra galaxia. Terminé siendo y haciendo a quien realmente tenía que ser. Uno llama y acerca lo que es en esencia, y en ese acto es que agradezco dónde estoy ahora.
Mis logros e historias seguirán siendo sobre metas dignas de asombro, pero nunca más me serán imposibles. Nunca lo fueron. Ahora es el tiempo de lo posible.